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Frente a la crisis, "cuponaiser"

Desde el pasado 1 de enero soy mas pobre. Es un hecho, lo mire por donde lo mire: en el extracto de la visa, en la cuenta corriente o en el listado de clientes que se han caído por efecto del pánico generalizado. No suelo controlar de manera asidua mis extractos del banco. Sin embargo, este mes he comenzado a hacerlo.  Llegados a este punto, en el que creo que estamos unos cuantos, tengo la necesidad de ajustar mis presupuestos y de re-educar mis hábitos de consumo, a pesar de que esta re-educación va en contra de mis deseos naturales y me provocara ansiedad, insatisfacción y posiblemente una leve depresión transitoria. Es entonces, cuando me pregunto: ¿qué puedo hacer?

¡¡Cuponaiser!!

Recuerdo que en los 70’s, cuando el consumismo todavía no se había adueñado de nuestras vidas, ibas al supermercado y, en muchas ocasiones, pagabas con cupones. Es decir, con cupones de descuento. Esos trozos de papel tan parecidos a los billetes que te pueden ayudar de muchas maneras:

- Eliminan la ansiedad de una compra cara, por el beneficio que genera el ahorro.

- Son tangibles. Puedes tocarlos, coleccionarlos (una tarjeta de fidelización no te lo permite), generan un ahorro progresivo y una sensación de sensatez.

¿Qué beneficios puede tener el cupón?

Sus beneficios son racionales y emocionales. Su parte racional se dirige a productos y servicios básicos o complementarios: puedo pagar la gasolina del coche, me regalan un pack más de yogures o coca-colas en la compra semanal, cubren la estancia en un hotel en el viaje de fin de semana que hago cada mes, me proporcionan la suscripción a la revista que me gusta, me sirven para no anular mi cita mensual con la peluquería… La lista puede ser interminable, sólo hay que tener imaginación.

En lo que a su parte emocional se refiere, el cupón es algo tangible. Es algo que puedes y debes coleccionar. Su tamaño y su forma nos recuerdan a la del dinero (un billete), por lo tanto, tenemos la sensación de que nos encontramos ante dinero. El proceso es mágico: pago con billetes y me devuelven ‘billetes’. Ergo estoy satisfecho. Los cupones anulan la ansiedad de compra y su posterior efecto de culpabilidad. Además, generan aceptación y concienciación ante el recorte presupuestario, puesto que sentimos que sabemos ‘capear el temporal’. Desde mi parecer, es la forma menos traumática de re-educar nuestros hábitos.

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Autor: Juan Pablo Sánchez, Creative Executive Director de ASMALLJOB y profesor de Marketing Experiencial de la UAB
Fecha: enero 2009

 

 



 

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