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Esto no es spam

Hace poco, un colega, profesor de la universidad, me explicaba que recibe tantos correos a lo largo del día, que no le da tiempo ni de leerlos y que ha aprendido a seleccionarlos a través de una serie de acciones básicas: primero elimina todos los que están marcados como spam o correo malicioso, después ‘se carga’ cualquier cosa que proceda de empresas que no le interesan (que son casi todas) y a continuación, se deshace de esos que vienen con asuntos tipo un amigo te invita. Por último, y según el trabajo que tenga, elimina todas las chorradas que le envían remitentes que conoce con presentaciones interminables de power point, cadenas que si las rompes te pasa de todo y enlaces a páginas de videos, blogs e historias variadas… Aún así, me aseguraba: “leo lo sustancial de los correos y cuando veo que es algo importante, acabo llamando por teléfono y comentando el e-mail.”

Existe una causa principal por la que mi ‘colega’ realiza este ritual todas las mañanas, que todos conocemos, y que se llama “Spam”. Diariamente, con un gesto repetido eliminamos unos cuantos correos no deseados. Aún a riesgo de enviar a la papelera el correo de algún conocido que ha cometido el error de identificar su cuenta de correo con un apellido casi impronunciable o un texto que, aunque es original, nos resulta sospechoso, cada día borramos una larga lista de correos, que a la vuelta de vacaciones se convierte en una interminable lista de spam.

A pesar de que se trata de una herramienta muy creativa, los recursos creativos pueden provocar que nuestro correo de empresa acuda directamente a la carpeta de spam. Asimismo, nuestra perseverancia en remitir correos y correos con información comercial puede minar la paciencia del destinatario y finalmente, es él mismo el que nos envía a dicha carpeta…

Si a la dificultad de ser leídos por el abuso de correo no deseado y la necesidad de concentración que requiere descodificar el lenguaje escrito –en comparación al lenguaje oral o al audiovisual-, le añadimos el escaso nivel de penetración de Internet en los hogares españoles (una cosa es tener ADSL para ver la televisión y poder hablar por teléfono a un coste razonable y otra navegar con soltura por Internet y utilizar a diario el e-mail), y además lo sazonamos con un poco de “si abro este correo quizás me entra un virus y me quedo sin ordenador” y finalmente, lo servimos en una bandeja de “fuera de mi cuenta de correo que es para mis asuntos únicamente”, como empresa sólo nos quedan cuatro opciones:

- Generar confianza en el cliente respecto a que nuestros correos son: sencillos, sinceros y seguros. Para ello, debemos indicar claramente  nuestra empresa y el asunto del envío.

- Tener un motivo cierto o un pretexto convincente en el que basar nuestro envío. Es preciso afianzar una idea en el destinatario: “Si eliminas los correos remitidos desde mi empresa, que siempre se identifica claramente, pierdes algo importante: una factura o un recibo, la posibilidad de realizar el check-in on-line, una oferta verdaderamente exclusiva, la posibilidad de conseguir puntos extra (el programa de fidelización puede ser un gran pretexto en la comunicación empresarial), un pdf con la información de tu afición o deporte favorito...”. Algo por lo que el interlocutor haya mostrado interés (insistimos con las entradas de cine: el cliente que ya las ha utilizado, ahora abre los correos electrónicos y sigue otras promociones).

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Autor: José Manuel Ponzoa, Director de Marketing de Anekis y Profesor de la Universidad Complutense de Madrid

Fecha: Octubre 2008



 

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